Dr. Horacio Erik Avilés Martínez
En el mundo empresarial, invertir capital de trabajo o de riesgo en un territorio dado presupone tener claridad plena de una gran cantidad de variables que pueden catalizar o limitar el rendimiento de los activos que se trasladen a una localidad determinada. Por supuesto, estamos hablando del marco legal, del clima de negocios, de la facilidad de tramitar la apertura de una empresa, de la capacidad de contratar personal calificado, etcétera.
Ante tal escenario, a mayor certidumbre, estabilidad social y mejores condiciones para hacer negocios, se incrementa el atractivo de una ciudad o entidad para invertir en ella, ya que el retorno de la inversión se convierte en una garantía, no en una simple apuesta.
Desde una perspectiva amplia, emprendedor es aquella persona que visualiza un objetivo y no se detiene hasta conseguirlo, que tiene conocimientos, actitud y motivación unidos congruentemente en torno a materializar un ideal. Por ello, es preciso señalar que no solamente hay emprendedores en el ámbito empresarial, sino en el social, laboral, familiar, deportivo, cultural, etcétera. Todos somos emprendedores cuando decidimos fijar nuestra residencia en una localidad, cuando decidimos tomar un trabajo de base, cuando compramos una casa en cierto fraccionamiento, cuando enviamos a nuestros hijos a determinada escuela, etcétera. Todas las decisiones anteriores son trascendentales, ya que tendrán repercusiones inimaginables en nuestra historia de vida.
Por ello, lo mejor que puede ocurrir es lograr cumplimentar en la medida de nuestras posibilidades el precepto de la información suficiente, que no es sino poder tener la mayor y mejor cantidad de información estratégica para escoger entre alternativas de la manera más conveniente para alcanzar nuestros objetivos en la vida.
Desde esta perspectiva, lo peor que podría ocurrirnos es que se nos engañara; que en un momento dado, una persona o institución nos hiciera creer que estamos en una situación diferente a la que en realidad vivimos. Mala fe, dolo, vicios ocultos y demás acusaciones vendrían de por sí.
Lamentablemente, al sector gubernamental no le acusamos con el suficiente rigor de incurrir en tales prácticas, ya que en muchas ocasiones las cifras e indicadores se encuentran convenientemente manipulados para presentarnos una realidad diferente, en aras de obtener ganancias políticas, completamente cuantificables en términos económicos.
Ante tal situación, y ante la amenaza de que un cambio de gobierno en Michoacán vuelva a sumir en la inestabilidad, en la polarización electoral y en el manipuleo impune de cifras, lo más conveniente es contar con tres elementos que podrán sentar las bases de un próximo periodo de gobierno terso, así como de una visión de largo plazo consensuada y llena de certidumbre para las generaciones de esfuerzo que están en plena vida laboral actualmente y las que están por arribar: un diagnóstico certero de la situación en todos los ámbitos del desarrollo humano en la entidad (léase por ejemplo, salud, educación, empleo, finanzas públicas, seguridad, sustentabilidad, etc.), a través de la implementación de un observatorio ciudadano; un plan estratégico de gran visión y largo aliento que señale el rumbo a seguir por los michoacanos durante los próximos treinta años por lo menos, señalando enfáticamente la agenda competitiva (que no es otra cosa que las acciones e inversiones más relevantes que se deben realizar en los sectores productivos más pujantes para insertarnos favorecedoramente en el mundo globalizado) del estado, así como una agenda común para los próximos tres años, en donde se establecerán sistemáticamente las principales necesidades de Michoacán, consultando a una gran cantidad de líderes de toda índole y ciudadanos de a pié, para tener una visión compartida y consensuada que permita arribar a un gobierno que tendrá como único objetivo cuidar la máxima inversión que hacemos todos los que vivimos en Michoacán de Ocampo, la de escribir en este estado nuestra propia biografía.
En caso contrario, es pertinente hacer el señalamiento de que adscribir a los michoacanos a una tierra sin esperanza equivale a hacer realidad una visión feudalista, convirtiéndonos en siervos de la gleba en pleno Siglo XXI. Capital político, ganado votante, masas comiendo de migajas es lo que se generaría. Ante tales atrocidades, la migración no es deseable, pero es una alternativa a la que todos tenemos derecho a acceder sin que hagan efecto en nuestra conciencia los engaños gubernamentales ni dádivas miserables.
Para evitar el dispendio de recursos, es impostergable asegurar en este punto de inflexión una agenda común para que todos los que emprendemos en Michoacán nuestro proyecto de vida podamos tener una existencia próspera y digna.
Comentarios bienvenidos a doctorado@gmail.com y Twitter:@erik_aviles
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